martes, 4 de octubre de 2011

Puntillismo

Todavía recuerdo las clases de plástica cuando era un niño.
Mi profesora, con un temperamento particular, intentaba (con poco éxito) que yo dibujara bien.
Yo prefería jugar con el barro, manchar toda la mesa y dejar que la arcilla se secara para tener que echar más agua... y ensuciarlo todo un poco más si cabe.

Un tiempo después, creo que ya resignada a no conseguir que mis líneas fueran rectas, empezó a hablar de cuadros famosos, movimientos artísticos y pintores de renombre.
No me preguntes por qué, pero sólo recuerdo una de esas clases: El Puntillismo.

Nos puso como ejemplo el típico cuadro "Un domingo en la Grande Jatte" de Georges Seurat. Francés tenía que ser. Nos pidió que haciendo puntitos con rotuladores intentáramos reproducir el cuadro.
¿En qué se basa el puntillismo? Todo el cuadro es un conjunto de puntos y si lo miras de cerca sólo ves eso: manchas. Si lo miras a distancia entiendes las formas y si te alejas aun más... hasta te gusta.

Una semana después y 5779 kilómetros más al Este puedo comparar la ciudad que he dejado con ese cuadro. Un conjunto de manchas (muy sucias) que van dando paso a un skyline mítico, un sueño, una idealización... y que si lo miras desde tu salón en cualquiera de la infinidad de series y películas de los cada vez más canales de televisión que la TDT nos regala... te encanta.

Cuando un taxi salpica a alguien, es bonito, la nieve es romántica, el vapor le confiere una atmósfera única... vale, estoy de acuerdo. De pequeño no sabía pintar, sigo sin saber y no soy un crítico de arte, así que lo admito: Nueva York es como ese cuadro de Seurat.

Fe de erratas: En mi última semana en la Gran Manzana he descubierto que incluso si miro a alguna de esas manchas me gustan. Tener a cuatro amigos desmontando tu casa por amor al arte, sentir que la próxima vez que veas a alguien pueda ser en la Ciudad Eterna y saber que pase lo que pase todo va a ir bien no tiene precio. Son esos momentos los que guardaré para siempre conmigo, brindando con un buen vino blanco en lo alto de un rooftop.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Un final made in NYC!

Nueva York, sí.
Sé que es un tema manido y repetido hasta la saciedad, pero después de un año viviendo aquí a unos pocos días de abandonarla (sin intención de regresar en un futuro próximo) me veo lo suficientemente capaz de dar a conocer mi propio punto de vista. Además... it´s my party and i´ll cry if I want to!

La primera vez que vine de turista fue como un sueño. Un premio que siempre había deseado. Después de una mala época aquí estaba. Era mayo y el tiempo era estupendo, todo Central Park en flor, la gente en la calle... era como una película.

Y así me quedé yo, como si estuviera en el cine viendo una película. Disfrutando de su música y de cómo una escena iba sucediendo a la otra en perfecta armonía. Todo ello para llegar a un final made in Hollywood: yo diciendo de corazón que no quería marcharme, que amaba Nueva York y que me dejaran olvidado como en "Solo en casa 2".

Ok, los sueños se cumplen. Años más tarde y tras unos meses en los que se me iba poniendo cada vez más cara de Düsseldorf (en ocasiones literalmente, gracias Mendieta), sigo sin saber muy bien como, acabé aquí.
Nueva York estaba ante mí ¿y cómo me recibió? Lloviendo. Unas nubes negras que no dejaban de lamentarse por mi llegada y que ni dejaban ver la silueta de Manhattan. Ese fue el presagio de los meses que estaban por llegar, pero inocente de mí... no supe leer entre líneas.

NYC es un lugar increíble, si miras hacia arriba. Cuando miras el suelo lo verás llenos de bolsas de basura, de cucarachas, de ratas y de decadencia... desgraciadamente vivo en un primer piso y el suelo está muy cerca. En esas tardes de invierno se hacía complicado levantar la cabeza, mirar con orgullo y descubrir las torres que, superando las nubes, conseguían arañar algo de luz solar. Es un lugar en el que tienes que estar a la última, lo que exije un movimiento constante. Si no compras, si no sales, si no hablas, si no bebes, si no vas al gym y tienes una imagen perfecta.. ¿para qué estás aquí?

Esa fue mi gran pregunta navideña.

Afortunadamente, ahora empieza la parte bonita de toda película, porque no olvidemos que Nueva York es eso, una gran superproducción en la que el glamour de antaño, el marketing y la ambición se conjugan de tal manera que siempre te acabarás sintiendo parte de algo grande, de algo que merece la pena vivir, y en el fondo lo merece.

Como en todo cuento de hadas, el cambio empezó con un hada. En este caso andaluza y toda una profesional de las aceitunas (Gracias Lore). Simplemente con una pregunta hizo que todas las nubes que me habían recibido empezaran a desaparecer; ¿Qué le pides al nuevo año? - Que la ciudad no pueda conmigo.-

¡9 meses después no ha podido! Superé el frío, aprendí a sobreponerme a egos inflados que no escondían otra cosa que mediocridad, viajé, viajé y viajé. Descubrí porque los GranDes son GranDes, y comprendí una gran lección que tenía medio olvidada: "El lugar es sólo una localización, pero lo que importa es el argumento". Y no hay argumento interesante sin una serie de historias que compartir... historias que te hagan sentir que estás vivo y que todo ha merecido la pena.

Hoy puedo asegurar que mi película se merece un par de Óscars. Además de la mejor localización tengo los mejores actores y actrices secundarios: mi Familia y mi otra familia (la de aquí). Con ellos, los de cerca y los de lejos este año ha sido único e irrepetible.

Las tuberías viejas, los taxis amarillos, los cócteles a deshora, las fluctuaciones térmicas, la Semana de la Moda, los terremotos, los huracanes y mil y una cenas de todo tipo. Por todo ello me considero realmente afortunado. Gracias a todos por hacer que este año haya merecido tanto la pena, y en especial a ti, Marta.

Shrimp!

jueves, 4 de agosto de 2011

Jenga!

Me niego a repetir lugares comunes sobre España. Ni hablar de la piel de toro fragmentada, ni de crispación. Y por supuesto que no hablaré de la tan manida duplicidad (cuando no multiplicidad) de competencias y sus consecuentes gastos.
Hoy voy a hablar de lo que está pasando ahora mismo, a tiempo real, en ese país que consideramos nuestra casa, que cuando nos da morriña extrañamos, del cual nos quejamos constantemente y al que en ocasiones amamos/odiamos.

Sé que elegirlo como mi segundo “Qué está pasando en…” es bastante arriesgado, que se me puede calificar de partidista o populista… pero como bien sabéis, hoy estoy algo reaccionario y en el fondo me gusta el riesgo.

Si se preguntara: ¿Qué piensas de España?

Un alemán respondería: Sol, playa, sangría, poco productivos.
Un inglés: Un interesante modelo de estudio.
Un italiano: bah, sólo intentan seguir nuestra estela…(eso lo dirían mientras compran aceite español, calzado español y se preparan para un verano en Ibiza/Formentera).
Un francés: *&%$+`!!! o puede que ni contestara.
Un español: … paso palabra, pero me gustaría que hicieras esa reflexión interior.

Dejando atrás los tópicos localistas, veamos la situación.

Una tierra mayoritariamente reseca que logró hacerse una potencia criando ovejas. Un par de reyes que podríamos llamar “innovadores” que decidieron hacer una gran inversión.. que sorprendentemente salió bien y que proporcionó un Imperio. Una política exterior que durante siglos se basó en la explotación de las materias primas de ultramar, a las que posteriormente se les vendía el producto elaborado fabricado en la madre patria, y cuyo beneficio, en lugar de reinvertirse se destinaba a la propia protección del Imperio y a una serie de guerras europeas… que más que guerras eran riñas familiares bastante carillas… tanto que acabó endeudando al reino. ¿Cómo se soluciona eso? Privatizando. Empezamos por las empresas públicas más grandes de la época: las rutas comerciales (que se malvendieron a Inglaterra) y la venta de esclavos (también casi regalada a la recién emancipada Holanda). Sin tus principales ingresos… ¿qué hacer? ¿Acometer una serie de reformas sobre la propiedad de la tierra e incentivar la industria? Bah, tonterías… mucho mejor gastar a manos llenas.
Y llega el momento en el que la cúpula gobernante roza la mediocridad más absoluta… tanto, tanto, que hasta un pueblo al que le gusta disfrutar de la vida y las pequeñas cosas… se cansa y decide tomar medidas (aprovechando eso sí, una crisis económica y política… que los españoles nunca hemos sido excesivamente valientes, aunque algunos digan lo contrario). El silencio previo a un cambio recorre el país. Algo va a pasar y todo el mundo lo nota. Y algo pasa: una constitución… que acaba por no servir de nada. Todo arrasado por una invasión y un país excluido del mundo. Décadas de decadencia y mala gestión hasta llegar a un punto sin retorno, en el que las libertades individuales parecen cosa del pasado y cada cual se toma la justicia por su mano.
De los 60 años siguientes me niego hablar porque creo que ya se ha hablado demasiado. Y de pronto amanece.

Una nueva era se abre ante nosotros. Por fin hay una esperanza y todo saldrá bien. Habrá que hacer sacrificios, pero merecerán la pena. Yo cedo, tú cedes, él cede (un poco menos), pero en definitiva todos cedemos. Bendita UE que nos llena los bolsillos y nos va sedando poco a poco… Sin esfuerzo, como bien dirían en españistán nos sentimos ricos y poderosos. Las portadas de los periódicos no paran de repetir “el milagro español” o “la vuelta de los conquistadores”.


Similitudes.
Ahora cambiemos ovejas por ladrillos, unos gobernantes innovadores por iluminados, mezclémoslo con una política exterior errática, una dependencia energética del exterior brutal y una sensación creciente de lejanía del poder cada vez más vacío de poder.

Un boom, un crack, una recesión, una mentira tras otra. El pueblo que toma las plazas y queda en nada (de momento). Me gustaría seguir siendo optimista sobre ese punto, y en las próximas horas veremos que pasa en Sol, pero cada vez me cuesta más. Hace años tuve un sueño. Una revolución en Madrid, la gente corriendo por el Paseo del Prado entre barricadas y el Congreso como destino. Ya decía Calderón: Qué es la vida? Un frenesí. Que es la vida? una ilusión, una sombra una ficción, que el mayor bien es pequeño, que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son. O no. Y aun así, si así fuera, si la vida es un sueño, habrá que vivir ese sueño y hacerlo lo más placentero posible.

Existe un juego, Jenga. En el que todo se sostiene si tienes buena mano… y se equilibra un lado con el otro.
Los escritores de la Antigua Grecia ya teorizaron sobre el equilibrio. Todas las sagas clásicas giran en torno a esa idea. En el principio era el cosmos (orden), luego un personaje toma una decisión moralmente cuestionable, lo que inclina la balanza hacia el caos (desorden). Ese caos es el que lleva a que los personajes de esa Historia sufran una serie de penalidades indecibles, que por supuesto han sido decididas por los dioses olímpicos como si fuera un juego, hasta que por fin, un acto heroico de sacrificio personal restaura el Cosmos.

Hoy ya no quedan héroes y eso es justo lo que necesitamos. Ya lo cantaba Bonnie Tyler el mismo año que yo nacía y en el que tiene lugar el más famoso de los libros de George Orwell.
Nadie está dispuesto a bajar hasta el Hades a recuperar a su amada. ¿Qué cabe esperar? No lo sé.

Sólo sé que tarde o temprano en jenga las piezas caen. No todas, pero la estructura que había en un comienzo desaparece. Los cambios no son fáciles ni tienen que ser para mejor. Desafortunadamente España sabe demasiado de cambios.

Aun así, albergo un deseo. Un deseo de cambio a mejor. Un futuro en el que el sufrimiento haya merecido la pena. Dicen de España que su bandera es un fiel reflejo de su Historia: un país de sangre y oro. Espero que algún día pueda ver que toda esa sangre (sudor y lágrimas incluidas) haya dado como resultado un país brillante.

Hasta entonces, ánimo!

domingo, 17 de julio de 2011

Hoy soy tío... bueno, casi.

Los que me conocen saben que no soy demasiado paternal que digamos... que es ver un niño pequeño y ya estoy recordando a Herodes... también saben que sólo hay una criatura viviente en este mundo que puede despertar mi instinto paternal... o mejor dicho, dos: Los becarios que, como yo mismo, sufren penalidades dignas de un héroe griego y un tipo de perro que de puro feo me parece entrañable. Pug, Carlino... el nombre es lo de menos, para mí siempre serán Termis.

Es verlo pasear por las calles, así tan pequeño, con esa carilla y sin apenas poder respirar que mi cuerpo instintivamente sólo tiene una reacción: cariño.
No diré amor, porque uno tiene una reputación que mantener, pero sí cariño, ganas de cuidarlo, de sacarlo a pasear y de ver como va creciendo y se convierte en un perro del que sentirse orgulloso. Alguien incluso mejor que yo mismo, más puro, más inocente... buena gente.

Los Termis no tienen maldad, no pueden tenerla. Es el dueño el que debe asegurarse de que se convierte en un perro de provecho para la sociedad. Igual no puede llegar al nivel de un San Bernardo, que además de salvar alpinistas, siempre es útil para organizar un guateque improvisado (algún día os hablaré sobre mi afición a los guateques y la improvisación), pero teniendo en cuenta sus limitaciones seguro que podrá llegar a ser Presidente... o Ministro al menos.

Ahora os pongo en situación.
Miércoles 13 de julio. un día horrible, de esos en los que te apetece subir a un campanario y en los que tus sueños de fugarte a una isla tropical se hacen más cercanos que nunca. Después del día no puedes dormir, y tienes la extraña sensación de que algo ha pasado. Enciendes el móvil español y hay un mensaje que no puedes leer... Corres al Facebook, pero no puedes entrar... la conexión falla de nuevo... no ayuda a conciliar el sueño.
Jueves 14 de Julio. Oficina, veamos qué nos depara el día. Un par de reuniones, dos informes... hummm un mensaje privado!

Después de unos segundos sólo puedo pensar en una cosa: Hoy soy tío! Bueno, casi. Hoy ha llegado al mundo la hija de una gran amiga. No sé el nombre, pero un nombre es lo de menos.  En el fondo lo que nos hace granDes no es lo que decimos, sino lo que sentimos y, sobre todo, lo que hacemos.

En ese momento sólo pude hacer una cosa: sonreír y dejar de contenerme por un momento. Vivir.

domingo, 10 de julio de 2011

Mil pasos por delante

Corría el siglo IV a.C. cuando el "joven" Lao Tsé dejó escapar una perla de sabiduría:
"Un árbol enorme crece de un tierno retoño. Un camino de mil pasos comienza en un solo paso"

Y, ¿Qué mejor que daros la bienvenida a este blog que con la idea de la que nace? No sólo por lo mucho que le queda por recorrer, y la cantidad de ideas, pensamientos y comentatios que irán llegando, sino que también por lo que a mí como autor me queda por ir descubriendo con vosot@s de ahora en adelante.

Cuando alguien se detiene en el camino, pueden surgir varias preguntas: ¿A dónde vas? ¿Falta mucho? Bueno, pues no lo sé. De momento no os puedo responder... ¿vosotros lo sabéis?


¿Dónde quieres estar en 1 año, en 5, en 10...?