Nueva York, sí.
Sé que es un tema manido y repetido hasta la saciedad, pero después de un año viviendo aquí a unos pocos días de abandonarla (sin intención de regresar en un futuro próximo) me veo lo suficientemente capaz de dar a conocer mi propio punto de vista. Además... it´s my party and i´ll cry if I want to!
La primera vez que vine de turista fue como un sueño. Un premio que siempre había deseado. Después de una mala época aquí estaba. Era mayo y el tiempo era estupendo, todo Central Park en flor, la gente en la calle... era como una película.
Y así me quedé yo, como si estuviera en el cine viendo una película. Disfrutando de su música y de cómo una escena iba sucediendo a la otra en perfecta armonía. Todo ello para llegar a un final made in Hollywood: yo diciendo de corazón que no quería marcharme, que amaba Nueva York y que me dejaran olvidado como en "Solo en casa 2".
Ok, los sueños se cumplen. Años más tarde y tras unos meses en los que se me iba poniendo cada vez más cara de Düsseldorf (en ocasiones literalmente, gracias Mendieta), sigo sin saber muy bien como, acabé aquí.
Nueva York estaba ante mí ¿y cómo me recibió? Lloviendo. Unas nubes negras que no dejaban de lamentarse por mi llegada y que ni dejaban ver la silueta de Manhattan. Ese fue el presagio de los meses que estaban por llegar, pero inocente de mí... no supe leer entre líneas.
NYC es un lugar increíble, si miras hacia arriba. Cuando miras el suelo lo verás llenos de bolsas de basura, de cucarachas, de ratas y de decadencia... desgraciadamente vivo en un primer piso y el suelo está muy cerca. En esas tardes de invierno se hacía complicado levantar la cabeza, mirar con orgullo y descubrir las torres que, superando las nubes, conseguían arañar algo de luz solar. Es un lugar en el que tienes que estar a la última, lo que exije un movimiento constante. Si no compras, si no sales, si no hablas, si no bebes, si no vas al gym y tienes una imagen perfecta.. ¿para qué estás aquí?
Esa fue mi gran pregunta navideña.
Afortunadamente, ahora empieza la parte bonita de toda película, porque no olvidemos que Nueva York es eso, una gran superproducción en la que el glamour de antaño, el marketing y la ambición se conjugan de tal manera que siempre te acabarás sintiendo parte de algo grande, de algo que merece la pena vivir, y en el fondo lo merece.
Como en todo cuento de hadas, el cambio empezó con un hada. En este caso andaluza y toda una profesional de las aceitunas (Gracias Lore). Simplemente con una pregunta hizo que todas las nubes que me habían recibido empezaran a desaparecer; ¿Qué le pides al nuevo año? - Que la ciudad no pueda conmigo.-
¡9 meses después no ha podido! Superé el frío, aprendí a sobreponerme a egos inflados que no escondían otra cosa que mediocridad, viajé, viajé y viajé. Descubrí porque los GranDes son GranDes, y comprendí una gran lección que tenía medio olvidada: "El lugar es sólo una localización, pero lo que importa es el argumento". Y no hay argumento interesante sin una serie de historias que compartir... historias que te hagan sentir que estás vivo y que todo ha merecido la pena.
Hoy puedo asegurar que mi película se merece un par de Óscars. Además de la mejor localización tengo los mejores actores y actrices secundarios: mi Familia y mi otra familia (la de aquí). Con ellos, los de cerca y los de lejos este año ha sido único e irrepetible.
Las tuberías viejas, los taxis amarillos, los cócteles a deshora, las fluctuaciones térmicas, la Semana de la Moda, los terremotos, los huracanes y mil y una cenas de todo tipo. Por todo ello me considero realmente afortunado. Gracias a todos por hacer que este año haya merecido tanto la pena, y en especial a ti, Marta.
Shrimp!